El objetivo de la HORA SANTA es fomentar un encuentro personal y profundo con Jesucristo.
En el día de mi Ordenación, tomé dos decisiones:
1. Que ofrecería la Sagrada Eucaristía todos los
sábados, en honor a la Santa Madre, para implorar su protección sobre mi
sacerdocio. (La Epístola a los Hebreos ordena al sacerdote ofrecer
sacrificios no sólo por los demás, sino también por sí mismo, ya que sus
pecados son mayores debido a la dignidad de su oficio).
2. Resolví también que todos los días pasaría una HORA SANTA en presencia de Nuestro Señor en el Santísimo Sacramento.
He mantenido ambas decisiones en el curso de mi sacerdocio. La HORA SANTA
se originó en una práctica que desarrollé un año antes de ser ordenado.
La capilla grande del Seminario de San Pablo cerraba a las seis de la
tarde; todavía había capillas privadas disponibles para devociones
privadas y oraciones nocturnas. Esa tarde en particular, durante el
recreo, caminé durante casi una hora, de un lado a otro, por la parte de
afuera de la capilla mayor. Un pensamiento me surgió –¿Por qué no hacer una HORA SANTA de adoración en presencia del Santísimo Sacramento?- Empecé al día siguiente, hoy la práctica ya lleva más de sesenta años.
Expondré brevemente algunas razones por las que he mantenido esta práctica, y por lo que la he fomentado en los demás.
1. Primero, LA HORA SANTA NO ES UNA DEVOCIÓN; es una participación en la obra de la Redención.
En el Evangelio de san Juan, Nuestro Santísimo Señor usó las palabras hora y día en dos connotaciones totalmente diferentes. Día pertenece a Dios; la hora pertenece al maligno. Siete veces en el Evangelio de san Juan, se usa la palabra hora,
y en cada instancia se refiere al demonio, y a los momentos en los que
Cristo ya no está en las Manos del Padre, sino en las manos de los
hombres. En el huerto de Getsemaní, Nuestro Señor contrastó dos horas –una era la hora del mal esta es vuestra hora– con la que Judas pudo apagar las luces del mundo. En contraste, Nuestro Señor preguntó: ¿No pueden velar una hora Conmigo?
En otras palabras, Él pidió una hora de reparación para combatir la
hora del mal; una hora de unión víctima con la Cruz para sobreponernos
al anti-amor del pecado.
2. En segundo lugar,
la única vez que Nuestro Señor les pidió algo a sus Apóstoles, fue la
noche de su agonía. No se lo pidió a todos... tal vez porque sabía que
no podía contar con su fidelidad. Pero al menos esperaba que tres le
fueran fieles, Pedro, Santiago y Juan. Desde ese momento, y muy seguido
en la historia de la Iglesia, el mal está despierto, pero los discípulos
están durmiendo. Es por eso que de Su angustiado y solitario Corazón
salió el suspiro:
¿No pueden velar tan solo una hora Conmigo?.
ÉL NO ROGABA POR UNA HORA DE ACTIVIDAD, SINO POR UNA HORA DE COMPAÑÍA.
3. La tercera razón por la que mantengo la HORA SANTA es para crecer más y más a semejanza de Él. Como lo plantea san Pablo: Nos transformamos en aquello en lo que fijamos nuestra mirada.
Al contemplar el atardecer, la cara toma un resplandor dorado. Al
contemplar al Señor Eucarístico una hora, transforma el corazón de un
modo misterioso, así como el rostro de Moisés se transformó luego de Su
compañía con Dios en la montaña. Nos pasa algo parecido a lo que les
pasó a los discípulos de Emaus, el domingo de Pascua por la tarde,
cuando el Señor los encontró. Él les preguntó por qué estaban tan
tristes, y después de pasar algún tiempo en Su presencia, y oír
nuevamente el secreto de la espiritualidad –El Hijo del Hombre debe sufrir para entrar en Su Gloria– el tiempo de estar con Él terminó, y sus corazones ardían.
La HORA SANTA ¿Es difícil? Algunas veces parecería ser
difícil; podría significar tener que sacrificar un compromiso social, o
levantarse una hora más temprano, pero en el fondo nunca ha sido una
carga, sólo una alegría. No quiero decir que todas las HORAS SANTAS
hayan sido edificantes como, por ejemplo, aquella en la Iglesia de San
Roch en París. Entré en la Iglesia alrededor de las tres de la tarde,
sabiendo que tenía que tomar un tren a Lourdes dos horas más tarde. Sólo
hay unos diez días al año en los que puedo dormir durante el día; y
este era uno de esos. Me arrodillé, y recé una oración de adoración, y
luego me senté a meditar e inmediatamente me quedé dormido. Al despertar
le dije al Buen Señor:¿Habré hecho una HORA SANTA? Pensé que Su ángel me decía: Bueno, esa es la forma en la que los Apóstoles hicieron su primera HORA SANTA en el huerto de Getsemaní, pero no lo hagas otra vez.
Una HORA SANTA difícil que recuerdo fue cuando tomé un
tren de Jerusalén a El Cairo. El tren partió a las cuatro de la mañana;
eso significó levantarse muy temprano. En otra ocasión en Chicago, una
tarde a las siete, le pedí permiso al párroco para entrar a su iglesia
para hacer una HORA SANTA, ya que la iglesia estaba
cerrada. Más tarde él se olvidó de que me había dejado entrar, y me pasé
alrededor de dos horas tratando de encontrar una manera de escapar.
Finalmente salté por una pequeña ventana y aterricé en la carbonera.
Esto asustó al casero, que vino en mi auxilio.
Al principio de mi sacerdocio hacía la HORA SANTA
durante el día o a la tarde. Al acumularse los años, me volví más
ocupado, y hacía la Hora temprano a la mañana, generalmente antes de la
Santa Misa. Los sacerdotes, como todas las personas, se dividen en dos
clases: gallos y búhos. Algunos trabajan mejor por la mañana, otros
durante la noche.
El objetivo de la HORA SANTA es fomentar un encuentro
personal y profundo con Jesucristo. El santo y glorioso Dios nos invita
constantemente a acercarnos a Él, conversar con Él, para pedirle las
cosas que necesitamos y para experimentar la bendición de la amistad con
Él. Cuando recién nos ordenamos, es fácil darnos por entero a Cristo,
porque el Señor nos llena entonces de dulzura, de la misma manera en que
una madre le da un caramelo a su bebe para animar su primer paso. El
entusiasmo, sin embargo, no dura mucho; rápidamente aprendemos el costo
del apostolado, que significa dejar redes y barcos, y contar mesas. La
luna de miel termina pronto, como también el engreimiento de oír por
primera vez aquel estimulante título de Padre.
El amor sensible o amor humano disminuye con el tiempo, pero el Amor Divino
no. El primero concierne al cuerpo, que responde cada vez menos a los
estímulos, pero en el orden de la gracia, la respuesta de lo Divino, a
lo pequeño, los actos humanos de amor se intensifican.
NI EL CONOCIMIENTO TEOLÓGICO, NI LA ACCIÓN SOCIAL SOLA, SON SUFICIENTES PARA MANTENERNOS EN AMOR CON JESUCRISTO, A MENOS QUE AMBOS ESTÉN PRECEDIDOS POR UN ENCUENTRO PERSONAL CON ÉL.
Moisés vio la zarza ardiendo en el desierto que no se alimentaba de
ningún combustible. La llama, sin alimentarse de nada visible,
continuaba existiendo sin destruir la madera. Una dedicación tan
personal a Cristo no deforma ninguno de nuestros dones naturales,
disposiciones o carácter; sólo renueva sin matar. Como la madera se
transforma en fuego, y el fuego perdura, así nos transformamos en Cristo
y Cristo perdura.
He descubierto que lleva algún tiempo enfervorizarse rezando. Esta ha
sido una de las ventajas de la Hora diaria. No es tan corta como para no
permitir al alma abismarse, y sacudirse las múltiples distracciones del
mundo. Sentarse ante Su Presencia es como exponer el
cuerpo al sol para absorber sus rayos. El silencio en la HORA es como un
tête-à-tête con el Señor. En esos momentos, uno no saca tanto oraciones
escritas, sino que escucha más. No decimos: Oye, Señor, porque Tu siervo habla, sino Habla, Señor, que Tu siervo escucha.
He buscado muchas veces una manera de explicar el hecho de que nosotros los sacerdotes debemos conocer más a Jesucristo, que más sobre Jesucristo. Muchas traducciones de la Biblia usan la palabra conocer para indicar la unión carnal de dos-en-uno. Por ejemplo: Salomón no la conocía, lo que significaba que no había tenido relaciones carnales con ella. La Santa Madre le dijo al Ángel en la Anunciación: No conozco ningún hombre. San Pablo exhorta a los maridos a poseer a sus mujeres en conocimiento. La palabra conocer
aquí indica unidad carnal de dos-en-uno. La cercanía de esa identidad
proviene de la cercanía de la mente con cualquier objeto que conozca.
Ningún cuchillo podría separar mi mente de la idea que ella tiene de una
manzana. La unión extática de marido y mujer descrita como conocimiento debe ser el fundamento de ese Amor por el cual el sacerdote ama a Cristo.
Intimidad es... apertura sin reservas, que no guarda
ningún secreto, y revela el corazón abierto a Cristo. Demasiadas veces
los amigos son sólo dos barcos que pasan en la noche. El amor
carnal, a pesar de que parece íntimo, a menudo puede ser un intercambio
de egoísmos. El ego se proyecta en la otra persona, y lo que se ama no
es la otra persona, sino el placer que la otra persona brinda. He notado
a lo largo de mi vida que cuando yo retrocedía ante las demandas que el
encuentro me había impuesto, me volvía más ocupado, y más preocupado
con actividades. Esto me daba una excusa para decir: No tengo tiempo, como un marido que puede absorberse en el trabajo, y olvidarse del amor de su mujer.
Es imposible para mí explicar lo útil que fue la HORA SANTA para preservar mi vocación. La Escritura brinda una considerable evidencia para probar que un sacerdote comienza a fallar en su sacerdocio cuando falla en el amor a la Eucaristía.
Demasiado seguido se asume que Judas cayó porque amaba el dinero. La
avaricia es rara vez el principio del error, y la caída de un embajador.
La historia de la Iglesia prueba que hay muchos con dinero que se han
quedado en ella. El principio de la caída de Judas, y el fin de Judas,
ambos giran en torno a la Eucaristía. La primera vez que se menciona que
Nuestro Señor sabía quién era el que lo iba a traicionar, es al final
del capítulo seis de san Juan, que es la anunciación de la Eucaristía.
La caída de Judas llegó la noche que Nuestro Señor instituyó la
Eucaristía, la noche de la Ultima Cena.
La Eucaristía es tan esencial para nuestra unión con Cristo, que ni bien
Nuestro Señor la anunció en el Evangelio, comenzó a ser la prueba de
fidelidad de Sus seguidores. Primero, perdió las masas, porque era muy
duro en sus palabras, y ya no lo siguieron. En segundo lugar, perdió
algunos de sus discípulos: Ellos ya no caminaron más con Él. Tercero, dividió su grupo de apóstoles, ya que aquí, Judas es anunciado como el traidor.
Por lo tanto, la HORA SANTA, más allá de sus beneficios
espirituales, previno mis pies de deambular muy lejos. Estar atado a un
Sagrario, la propia soga no es tan larga para encontrar otras pasturas.
Esa tenue lámpara del tabernáculo, aunque pálida y difusa, tiene una
misteriosa luminosidad para oscurecer el brillo de las luces brillantes. La HORA SANTA
se volvió como un tanque de oxígeno para revivir el soplo del Espíritu
Santo en el medio de la sucia y hedionda atmósfera del mundo. Aún cuando
parecía tan poco provechoso, y carente de intimidad espiritual, todavía
tenía la sensación de ser al menos como un perro en la puerta de su
amo, listo en caso de que me llamase.
La Hora, también, se volvió un magisterio, y una maestra,
ya que aunque antes de amar a alguien debemos conocer a esa persona,
sin embargo, después sabemos, que es el Amor el que aumenta el
conocimiento. Las convicciones teológicas no sólo se obtienen de las dos
coberturas de un libro formal, sino de dos rodillas sobre un reclinatorio ante un Sagrario.
Finalmente, haciendo una HORA SANTA cada día
constituía para mí un área de la vida en la que podía predicar lo que
practicaba. Muy pocas veces en mi vida prediqué ayunar en una manera muy
rigurosa, ya que siempre el ayuno me pareció extremadamente difícil;
pero podía pedirle a otros que hagan la Hora Santa, porque yo lo hacía.
Algunas veces me hubiera gustado haber llevado un registro de las miles
de cartas que he recibido de sacerdotes y laicos contándome cómo había
sido la práctica de la HORA SANTA. Cada retiro para sacerdotes que predicaba tenía la HORA SANTA como
resolución práctica. Demasiadas veces los retiros son como las
conferencias sobre salud. Hay un acuerdo general sobre la necesidad de
salud, pero falta una recomendación específica sobre cómo ser saludable.
La HORA SANTA se transformó en un desafío para los
sacerdotes del retiro, y después cuando los videos de mis retiros
estaban disponibles para los laicos, era edificante leer sobre los que
respondían a la gracia, cumpliendo una hora diaria frente al Señor. Un
monseñor, por debilidad ante el alcohol, y el consecuente escándalo, se
le ordena dejar su parroquia, y fue puesto a prueba en otra diócesis, de
donde vino a mi retiro. Respondiendo a la Gracia de Dios, dejó el alcohol, fue restituido efectivamente en su sacerdocio, siguió haciendo la HORA SANTA todos los días, y murió en Presencia del Santísimo Sacramento.
Como ejemplo de la gran amplitud de efectos de la HORA SANTA, una vez recibí una carta de un sacerdote en Inglaterra que decía, son sus propias palabras:“Dejé el sacerdocio, y caí en un estado de degradación.”
Un sacerdote amigo lo invitó a oír el cassette sobre la HORA SANTA de
un retiro que había predicado. Respondiendo a la Gracia, fue restituido
nuevamente al sacerdocio, y se le confió el cuidado de una parroquia. La
Divina Misericordia produjo en él, un cambio, y recibí esta carta:
La semana pasada tuvimos nuestra Solemne Exposición anual del
Santísimo Sacramento. Animé a bastantes personas a venir y velar todo el
día, y todos los días, y así no teníamos que reservar el Santísimo
Sacramento por la falta de personas para velar. La ultima tarde,organicé
una procesión con los Primeros Comulgantes, tirando pétalos de rosas
delante del Señor. Los hombres de la parroquia formaron una Guardia de
Honor. El resultado fue sorprendente: había más de 250 personas
presentes para la procesión fina, y la HORA SANTA.
Estoy convencido de que nuestra gente está buscando muchas de las viejas
devociones que muchas de las parroquias han sacado, y esto pasa porque
nosotros los sacerdotes no podemos ser molestados con incomodidades. El
año que viene espero que la Exposición Solemne sea aun con más cantidad
de gente ya que ahora se está conociendo la noticia. El último par de
semanas he empezado un grupo de estudio de la Biblia; esto es para
animar a nuestra gente a leer la Palabra de Dios. Comienzo con la
lectura de las Escrituras que meditamos esa tarde; luego tenemos una
breve exposición del Santísimo Sacramento, y meditación hasta el momento
de la Bendición. He empezado también a recorrer las calles alrededor de
la parroquia, y rezo Misa cada semana en una casa de cada cuadra, e
invito a toda la gente de esa calle a venir y participar. La respuesta
ha sido bastante buena, teniendo en cuenta que recién empiezo. No me quiero convertir en un sacerdote activista,
así que me levanto temprano hago mi HORA SANTA. Aun tengo mis problemas
personales para controlar, pero he tomado coraje de sus palabras:
tendrás que combatir muchas batallas, pero no te preocupes porque al
final ganarás la guerra ante el Santísimo Sacramento.
Muchos laicos que han leído los libros u oído los casettes, también están haciendo la HORA SANTA.
Otro de los frutos de la HORA SANTA es la sensibilidad a la Presencia Eucarística de Nuestro Divino Señor. Me acuerdo de haber leído en Lacordaire, el famoso orador de la Catedral de Notre Dame en París: dame un joven que pueda atesorar por días, semanas y años, el regalo de una rosa, o el apretón de la mano de un amigo.
Viendo al principio de mi sacerdocio que cuando la sensibilidad y la
delicadeza se pierden, los matrimonios se destruyen y los amigos se
separan, tome varias medidas para conservar esa responsabilidad. Recién
ordenado, y como estudiante en la Universidad Católica de Washington,
nunca entraba a clase, sin antes subir la escalera hasta la capilla en
Caldwell Hall para hacer un pequeño acto de amor a Nuestro Señor en el
Santísimo Sacramento. Mas tarde en la Universidad de Louvain en Bélgica,
entraba a visitar a Nuestro Santísimo Señor en cada una de las iglesias
por las que pasaba para llegar a clase. Cuando seguí el trabajo de
graduación en Roma, y fui a la Angelicum y Gregoriana, visitaba cada
iglesia en el camino desde la zona del Trastevere donde vivía. Esto no
es nada fácil en Roma, porque hay iglesias en casi todas las esquinas.
Fred Allen dijo una vez que Roma tiene una iglesia en una esquina, para
que se pueda rezar antes de cruzar la calle, y la iglesia en la otra
esquina, para agradecer a Dios de haberlo logrado.
Tiempo después como profesor en la Universidad Católica en Washington,
arreglé para poner una capilla al frente de mi casa. Esto es para que
siempre pudiera, antes y después de salir, ver la lámpara del Sagrario
como una señal para ir a adorar el Corazón de Jesucristo por lo menos
por unos pocos segundos. He tratado de ser fiel a esta practica durante
toda mi vida, y aun ahora, en el departamento en New York donde vivo, la
capilla está entre mi estudio y mi dormitorio. Esto quiere decir que no
me puedo mover de un área, de mi pequeño departamento, a la otra sin al
menos una genuflexión, y una pequeña jaculatoria a nuestro Señor en el
Santísimo Sacramento.
Por: Arzobispo Fulton J Sheen | Fuente: Capítulo XII de la autobiografía Treasure in Clay