La
gente en general (creyentes, practicantes, observantes, católicos de
palabra, etc.) creen en la efectividad de la oración y creen que si
elevan alguna plegaria a Dios, ésta tendrá efectos en los destinatarios.
Si
a ti al igual que a mí, te llama profundamente la atención, incluso te
incomoda un poco, ver a tanta gente compartiendo fotos, cadenas de
oración y hashtags del tipo #PrayForJuanito y te preguntas: ¿será que esta gente realmente reza o solo comparte una imagen? Y después de unos minutos te vuelves a preguntar: ¿será
que rezaron por todas las otras tragedias que han ocurrido desde hace
años con las mismas ganas con las que lo hacen ahora? Te invito a
tomar aire, tranquilizarte un poco y juntos mirar con calma esta
situación. Hay algo bueno detrás de todo esto. El Señor siempre se
aprovecha de lo que ocurre a nuestro alrededor para darnos una lección.
Te
propongo una tesis: la gente en general (creyentes, practicantes,
observantes, católicos de palabra, etc.) creen en la efectividad de la
oración y creen que si elevan alguna plegaria a Dios, ésta tendrá
efectos en los destinatarios. Sabemos que la oración no consiste en
enviar buenas vibras para que el cosmos se ponga a favor de alguien o
que los astros se alineen generando las condiciones necesarias para que
ocurra algo. Creemos que nuestra oración a Dios tiene efectos
reales que afectan la vida de los demás, incluso creemos que Dios puede
cambiar las situaciones si rezamos pidiendo por ellas. Eso es un signo esperanzador. Las personas siguen creyendo en el poder de la oración. Nadie puede negar que esto es un don.
¿Qué
te parece si tomamos ese salvavidas que nos regala el Señor y
aprovechamos la oportunidad de aprender, enseñar y motivar en la
práctica de la oración? ¿Qué te parece dejar de ser parte de la
policía de Facebook que critica a todo el mundo (como lo hago yo), y
ser más bien de los pastores de Facebook que toman las buenas
intenciones y las convierten en santas intenciones? Acá te dejamos
algunas reflexiones con respecto a esto:
1. Incluso en quienes menos lo esperamos, hay fe. Aprendamos a distinguirlo
En el mundo hay fe. Dios se manifiesta en la vida de las personas,
incluso en la de aquellos en los que nosotros no tenemos puestas
nuestras expectativas espirituales y que no etiquetaríamos en los
afiches de nuestros eventos evangelizadores. El Señor es bueno y pone en
sus corazones la intención de rezar. Aunque se quede en la intención,
esto ya es un primer paso, un paso positivo.
2. Dios no quiere el sufrimiento en ninguna de sus formas
No
podemos culpar a Dios por las cosas que los hombres hacemos mal y nadie
puede decir que Dios permite que pasen estas cosas para que nosotros
aprendamos una lección. Dios no quiere las tragedias, y quizás sufre más
que nosotros. Estos momentos (no deseados por Él ni por nadie) son oportunidades de encuentro y de conversión.
“Dios no ha venido a suprimir el sufrimiento. Ni siquiera ha venido a explicarlo. Ha venido a llenarlo con su presencia. Quedan muchas cosas oscuras; pero hay una cosa, al menos, que no podemos decirle a Dios: ‘Tú no sabes lo que es sufrir’”.Paul Claudel
3. No dejemos que se acabe el impulso
Ver
tanta gente motivada, inspirada y conmovida es un tremendo impulso de
oración, y aunque muchos realmente no se hayan detenido a hacer una
plegaria real, podemos aprovechar su intención y seguir animándolos. La
oración no es una campaña que tiene una fecha de término: es una forma
de relacionarnos con Dios y estas “campañas” pueden ser el momento de
inicio de esa relación para muchos. Aprovechemos la oportunidad, aprendamos y enseñemos a rezar.
4. Visibilicemos al invisible
Muchos
han aprovechado para visibilizar otras situaciones terribles
argumentando que ocurren desde hace mucho tiempo y que nadie rezaba por
ellas, pero lo hacen de forma incómoda, morbosa, haciendo que no den
ganas de rezar. El Apóstol en su rol de profeta, anuncia y denuncia.
Valgámonos de estas oportunidades y sigamos mostrando el rostro
sufriente de Cristo, no solo para informar, sino para ayudar a los demás
a comprender que nuestra oración como Iglesia es importante. El Señor espera que nos sumemos a esta batalla espiritual con una actitud espiritualmente activa.
5. Detengámonos primero
¿Cuántas veces nos hemos comprometido en las redes sociales y en vivo y en directo a rezar por alguien? Detente. Sinceramente haz una parada en el día y ofrece esa oración que tantos necesitan de ti. El territorio más difícil de misionar es el propio corazón.
6. Recordemos que no le estamos hablando al aire
Esta
es la tesis que fundamenta este post. Creemos que cuando rezamos pasan
cosas, no porque nuestras buenas vibras y deseos se teletransporten,
sino porque Dios pone su mirada y atención en nuestros deseos y anhelos;
en la generosidad y en la rectitud de nuestros corazones y, si es su
voluntad, nos concede las gracias que tanto le pedimos. Es
con Dios con quien entablamos esta conversación. Creer en esto, ponerlo
en práctica y confiar en la respuesta de Dios, es un don que no debemos
dejar de compartir. ¡A rezar!
Por: Sebastian Campos | Fuente: Catholic-link.com

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