miércoles, 25 de enero de 2017

La existencia de Dios y la ciencia

 Si buscamos la existencia de Dios en el materialismo no lograremos nunca tocarlo físicamente, pero él está presente en toda la naturaleza.

No sólo existe lo que conocemos físicamente.
Si buscamos la existencia de Dios en el materialismo no lograremos nunca tocarlo físicamente, pero él está presente en toda la naturaleza: la ciencia humana nunca descifrará la energía espiritual, lo sobrenatural, ni los misterios de la fe.
Dios no es un ser común. El se sitúa fuera de éste orden, está por encima de lo físico material, siendo una voluntad divina, es una causa que se eleva por todo el ser.
Sabemos imperfectamente lo que Dios es. Sin poder aprehender su esencia en sí misma.
Dios es la esencia de la vida, misterio inaccesible a la simple razón, posee propiedad absoluta, tarde o temprano lo llegamos a conocer en su esencia misma, como El es.
La fe, que es el conocer a Dios sin verlo, es el inicio de la vida eterna, una virtud sobrenatural.
La metafísica o « teología natural », es una ciencia que ordena lo racional o natural, parte de las cosas visibles, investigando la razón última, llega así al reconocimiento de la existencia de Dios por analogía, partiendo de la naturaleza.
La teología es la ciencia que nos conduce a los misterios revelados, arraigada en la fe, acompañada de la razón, es la ciencia de Dios: es la luz de la razón acompañada de la fe.
Los antiguos definían la Ciencia como el conocimiento de las cosas por sus causas (cognitio rerum per causas).
Se puede definir también que existen ciencias por el conocimiento de su demostración, por el conocimiento explicativo.
La ciencia general tiene por objeto las necesidades inmanentes a la naturaleza, a las esencias universales realizadas en los individuos, en el mundo de la existencia concreta y sensible.
La ciencia está limitada a lo necesario, va a los objetos inteligibles que el espíritu busca y desentraña dentro de la realidad, no es para tratar lo contingente, debe ser de carácter universal. Es el conocimiento de las cosas por sus principios o causas.
Existen ciencias de verificación y de explicación. Todas las ciencias tienen naturalezas o esencias universales: unas naturalezas son conocidas o manifestadas, aunque nunca se llega al conocimiento total, a éstas las llamamos ciencias deductivas o de explicación, como son las matemáticas y la filosofía.
En matemáticas se trata del dato sensible de la cantidad o edificando sobre él, que en lo real son propiedades de los cuerpos.
En filosofía el espíritu capta esencias substanciales, dependiendo del método analítico-sintético de la experiencia, del exterior al interior, así se conocen los efectos de las causas.
La esencia se conoce por analogía, por su espíritu inteligible, encierra verdades eternas, como la existencia de Dios.
Las ciencias de verificación o inductivas, como la física, donde el conocimiento de las razones o causas se dan por los efectos, son identificadas por signos o subtítulos, tienen por objeto el estudio de la materia, pero no necesariamente trascienden en el tiempo, no alcanzan las naturalezas, tienen un valor explicativo :
Un conocimiento es donde el espíritu constreñido por la evidencia, asigna las razones de ser de las cosas, ya que el espíritu no queda satisfecho sino cuando al aprehender una cosa, un dato cualquier, desentraña lo que funda ese dato en el ser y en la inteligibilidad.
Para conocer a Dios podemos partir de la naturaleza, la increíble maravilla del cuerpo humano, de las cosas que demuestran que existe un motor que se mueve, sin ser movido.
El conocimiento del científico es para ocuparse del fenómeno, de la apariencia del ser, utilizando los sentidos como instrumentos, es un conocimiento sensorial, diferente al metafísico que penetra en el ser utilizando la inteligencia, cuya capacidad es abstracta, se interesa en el ser en su esencia, en cuanto ser, sin negar el conocimiento sensible del científico.

Santo Tomás de Aquino explica las cinco pruebas de la existencia de Dios, comprendidas así:
1.- Existe un PRIMER MOTOR INMOVIL.
Todo sujeto es movido por otro, hay cosas que son movidas, otras que se mueven, pero hay algo que se mueve sin ser movido...ESE ES DIOS.
2.- CAUSA EFICIENTE INCAUSADA, que es la imposibilidad de un progreso infinito, es la prueba de las causas eficientes del ser.
3.- LA ULTIMA FUENTE DE TODA NECESIDAD, es necesario no por otro.
Lo que no tiene en sí la razón suficiente de su existencia debe tenerla en otro: es la contingencia.
Es la prueba por la contingencia de los seres perecederos.
4.- LOS GRADOS DEL SER. SER POR ESENCIA.
Existen varias perfecciones en el mundo, pero sólo hay una fuente perfecta: DIOS.
5.- PRIMERA INTELIGENCIA CREADORA. Es el principio de la finalidad: todo tiende a su fin.
Las cosas inanimadas tienden a su conclusión, es obra de alguna que está fuera de ellas.
Sólo las cosas vivientes pueden tener finalidad.
El tema de la existencia de Dios y la ciencia sigue siendo permanente, Dios seguirá para toda la eternidad…él es y mueve la naturaleza.

Por: José Gómez Cerda | Fuente: Catholic.net 

La Biblia y la Tradición



 ¿Qué dice la Biblia de sí misma?¿Y qué decir de lo que la misma Biblia enseña sobre su inspiración?

Los Reformadores Protestantes decían que la Biblia es la única fuente de las verdades de la fe, y que para entender su mensaje había tan solo que leer las palabras del texto. Es lo que se llama la teoría protestante de la sola scriptura, o en español "solamente la Biblia". Según esta teoría, ninguna autoridad no bíblica puede imponer una interpretación, y ninguna institución extrabíblica -por ejemplo la Iglesia- ha sido establecida por Jesucristo para hacer las veces de árbitro en caso de conflictos de interpretación.

Como buenos herederos de los Reformadores, las sectas fundamentalistas trabajan sobre la base de esta teoría, y no pierden oportunidad para sacar a relucir su principio, que por otro lado parecería ser su arma mas efectiva, algo que ellos aceptan como el fundamento indiscutible de sus puntos de vista.

Sin embargo, no hay cosa más difícil en el diálogo con los fundamentalistas que querer hacerlos demostrar porqué creen ellos en el principio de que la Biblia solamente, separada de toda otra fuente de autoridad, sea suficiente en cuestiones de fe. La cuestión se reduce a saber cuál es el motivo que un Fundamentalista tiene para creer que la Biblia es un libro inspirado, pues es obvio que ella puede tomarse como regla de fe solamente en el caso que pueda ser comprobada su inspiración, y por ende su inerrancia.

Claro que se trata de una cuestión que no preocupa demasiado a la mayoría de los cristianos, y ciertamente son pocos los que le ha brindado atención alguna vez. En general se cree en la Biblia porque es el libro aceptado por todos los cristianos, cuya autoridad no se discute; aún vivimos en tiempos en los que los principios cristianos influyen en la cultura y en el medio en el que vive la mayoría de la gente.

Un cristiano tibio que no daría ni la más mínima credibilidad al Corán, pensaría dos veces antes de hablar mal de la Biblia, ya que esta goza de cierto prestigio, aún cuando no pueda explicarla ni entenderla demasiado. Podría decirse que esa persona acepta la Biblia como inspirada -cualquiera sea su entendimiento de la inspiración- por razones de tipo cultural, razones que, sin duda, son de escaso o ningún valor, ya que por las mismas razones el Corán debería ser tenido como inspirado en países de cultura musulmana.

"Para mí es motivo suficiente"
Dígase lo mismo ante quien sostiene que la familia en la que uno vino al mundo siempre tuvo la Biblia como libro inspirado, y "para mí eso basta". Sería un buen motivo solamente para aquel que no pueda hacer un trabajo de reflexión serio, y no debemos nunca despreciar una fe sencilla, sostenida sobre fundamentos más bien débiles. Pero sea como sea, la mera costumbre familiar o local no puede establecerse como la base para creer en la inspiración divina de la Sagrada Escritura.

Algunos sectarios dicen que la Biblia es un libro inspirado porque "es un libro que inspira". Pero la palabra inspiración es precisamente lo que se quiere probar, y tengamos en cuenta que hay muchos escritos religiosos y muy antiguos que ciertamente son mas "inspirados" o "emotivos" que muchos textos, incluso libros enteros, del Antiguo Testamento. No es falta de respeto afirmar que ciertas partes de los escritos sagrados son tan áridos como lo serían estadísticas militares; ¡y algunas partes de la Biblia (Antiguo Testamento) son eso, estadísticas militares!

Por ello concluyamos que no es suficiente creer en la Sagrada Escritura por motivos culturales o por costumbre, ni tampoco por sus textos emotivos o su belleza espiritual: hay otros libros, alguno totalmente seculares, que sobrepasan en belleza poética muchos pasajes de la Escritura.

¿Qué dice la Biblia de sí misma?
¿Y qué decir de lo que la misma Biblia enseña sobre su inspiración? Notemos que son muy pocos los pasajes donde la Biblia misma enseña su inspiración, aunque sea de modo indirecto, y la mayoría de los libros del Antiguo y del Nuevo Testamento no dicen absolutamente nada sobre su inspiración. De hecho ningún autor de los libros del Nuevo Testamento dice estar escribiendo bajo el impulso del Espíritu Santo, excepto San Juan al escribir el Apocalipsis.

Además, en el supuesto caso de que cada libro de la Biblia comenzase con la frase: "Este libro es inspirado por Dios", semejante frase no probaría nada: el Corán dice estar inspirado, el Libro del Mormón, varios libros de algunas religiones orientales. Es más, lo libros de Mary Baker Eddy, la fundadora de la Ciencia Cristiana, y de Ellen G.White, fundadora del Adventismo del Séptimo Día se auto-declaran inspirados. Se puede concluir, con bastante sentido común, que el hecho de que un escrito se atribuya cualidades de inspiración divina no quiere decir que así lo sea.

Al fallar estos argumentos, muchos fundamentalistas retroceden y nos afirman que "el Espíritu Santo me dice claramente que la Biblia es inspirada", una noción bastante subjetiva, por decir lo menos, muy afín con aquella otra, tan común entre los sectarios, de que "el Espíritu Santo los guía para interpretar las Escrituras". Y así, el autor anónimo del artículo "Cómo puedo entender la Biblia", un folleto distribuido por la organización evangélica "Radio Bible Class" enlista doce reglas para estudiar la Biblia. La primera es "Busca la ayuda del Espíritu Santo. El Espíritu fue dado para iluminar las Escrituras y hacerlas revivir para ti cuando la estudies: deja que te guíe".

Si con esta regla se entiende que cualquier persona que pida a Dios guía para interpretar la Biblia recibirá esa guía de lo alto -y en este sentido lo entienden la mayoría de los fundamentalistas- entonces la multiplicidad de interpretaciones contrarias y contradictorias, aún entre los mismos Fundamentalistas, daría la preocupante sensación de que el Espíritu Santo no ha estado haciendo bien su trabajo...

No con silogismos
Gran parte de los fundamentalistas no dicen directamente que el Espíritu Santo les habló, asegurándoles que la Biblia es un libro inspirado. Al menos no hablan de ese modo. Más bien sucede así: al leer la Biblia el Espíritu "los convence" que esa es la Palabra de Dios, reciben cierta sensación interior de que es una palabra divina, y punto.

De cualquier modo que se lo vea, la postura fundamentalista no resiste un razonamiento serio. Son contados con los dedos de la mano los fundamentalistas que en un primer momento se acercan a la Biblia como a un libro "neutral", y luego de su lectura lo reconocen como tal, siguiendo un razonamiento lógico. De hecho los fundamentalistas comienzan dando por supuesto el hecho de la inspiración, tal como toman otras doctrinas de sus sectas sin razonar sobre ellas, y entonces encuentran partes de la Sagrada Escritura que parecen fundamentar la inspiración, cayendo así en un círculo vicioso, confirmando con la Biblia lo que ellos crían de antemano.

La persona que quiere reflexionar seriamente sobre el tema se defraudará con la posición fundamentalista de la inspiración bíblica, dándose cuenta de que no cuenta con una base sólida para mantener esa teoría. La posición católica es la única que, al fin de cuentas, puede dar una respuesta intelectualmente satisfactoria.

La manera de razonar católica para demostrar que la Biblia es inspirada es la siguiente: en un primer paso consideramos la Biblia como cualquier otro libro histórico, sin presumir que es inspirado. Estudiando el texto bíblico con los instrumentos de la ciencia moderna llegamos a la conclusión que se trata de una obra confiable, de gran precisión histórica, cuya precisión sobrepasa en mucho la de cualquier otro texto histórico.

Un texto preciso
Sir Frederic Kenyon, en The Story of the Bible hace notar lo siguiente: "Para todas las obras de la antigüedad clásica nos vemos obligados a acudir a manuscritos escritos mucho después del original. El autor que lleva la delantera en este sentido es Virgilio, aún cuando el manuscrito más antiguo que de él poseemos fue escrito 350 años después de su muerte. Para todas las demás obras clásicas, el intervalo que existe entre la fecha del escrito original y la del manuscrito más antiguo que de él se conserva es mucho mayor: para Livio es de unos 500 años, para Horacio de 900, para la mayoría de la obras de Platón es de 1300, para Eurípides 1600". Aún así, nadie pone seriamente en duda el hecho de que poseemos copias fieles de las obras de estos autores.

No solamente poseemos manuscritos bíblicos más cercanos a los originales que los de la antigüedad clásica, sino que poseemos un número mucho mayor que aquellos. Algunos de estos manuscritos son libros enteros, otros son fragmentos, otros tan sólo algunas palabras, pero todos ellos juntos suman miles de manuscritos en hebreo, griego, latín, copto, siríaco y otras lenguas. Todo esto significa que poseemos un texto rigurosamente fiel, y podemos trabajar con él con toda confianza.

Tomado históricamente
En un segundo momento dirigimos nuestra atención a lo que la Biblia, considerada sólo como libro histórico, nos enseña, particularmente en el Nuevo Testamento y en los Evangelios. Examinamos el relato de la vida de Jesús, su muerte y su resurrección.

Usando lo que nos transmiten los Evangelios, lo que leemos en otros escritos extrabíblicos de los primeros siglos y lo que nos enseña nuestra propia naturaleza -y lo que de Dios podemos conocer por la luz de la razón- concluimos que Jesús o bien era lo que decía lo que era -Dios- o bien estaba loco. (Sabemos que no pudo haber sido tan solo un buen hombre que no fuese Dios, porque ningún buen hombre se atribuye el ser Dios, si no lo es).

También podemos excluir que era un loco, no solamente por lo que él dijo y enseño -ningún loco habló jamas como lo hizo él, aunque tampoco un hombre cuerdo nunca habló así...-, sino por lo que sus seguidores hicieron después de su muerte. Un fraude (la tumba supuestamente vacía) se comprende, pero nadie da la vida por un fraude, al menos por uno que no tiene ninguna perspectiva de provecho. En conclusión, debemos afirmar que Jesús verdaderamente resucitó, y que por lo tanto era Dios, como él decía, e hizo lo que prometió que iba a hacer.

Otra cosa que él dijo que haría es fundar su Iglesia, y tanto de la Biblia (tomada aún como simple libro histórico, no como libro inspirado por Dios) como de otras fuentes históricas antiguas sabemos que Cristo estableció una Iglesia con las notas que hoy vemos en la Iglesia Católica: papado, jerarquía, sacerdocio, sacramentos, autoridad para enseñar y como consecuencia de esta última, infalibilidad. La Iglesia de Cristo debía gozar de infalibilidad de enseñanza si iba a cumplir aquello para lo cual Cristo la fundó.

Hemos tomado materia meramente histórico y hemos concluido que existe un Iglesia, la Iglesia Católica, protegida por Espíritu Santo para que pueda enseñar hasta el fin de los tiempos sin error. Vayamos entonces a la última parte del argumento.

Esa Iglesia nos dice que la Biblia es inspirada, y podemos confiar en su enseñanza porque se trata de una enseñanza autorizada, infalible. Sólo después de haber sido enseñados por una autoridad propiamente constituida por Dios para transmitirnos las verdades necesarias para nuestra fe, tal como la inspiración de la Biblia, sólo entonces podemos usar de las Escrituras como de un libro inspirado.

Un argumento en espiral
Hay que notar que nuestro argumento no cae en un circulo vicioso: no estamos basando la inspiración de la Biblia en la infalibilidad de la Iglesia y la infalibilidad de la Iglesia en la palabra inspirada de la Biblia; eso sería precisamente un circulo vicioso.

Lo que hemos hecho se llama argumento en espiral: por un lado hemos argumentado sobre la confiabilidad de la Biblia como texto meramente histórico; de allí sabemos que Jesús fundó una Iglesia infalible, y sólo entonces tomamos la palabra de esa Iglesia infalible que nos enseña que la palabra que nos transmite la Biblia es una palabra inspirada, Palabra de Dios. No se trata de un circulo cerrado, ya que la conclusión final (la Biblia es la Palabra de Dios) no es el enunciado del cual partimos (la Biblia es un libro históricamente confiable), y este enunciado inicial no esta basado en absoluto en la conclusión final. Lo que hemos demostrado es que, si excluimos a la Iglesia, no tenemos suficientes motivos para afirmar que la Biblia es la Palabra de Dios.

Claro que lo que acabamos de discutir no es precisamente el razonamiento que la gente habitualmente hace al acercarse a la Biblia, pero es la única manera razonable de hacerlo, a la hora de preguntarnos porqué creemos en la Biblia. Todo otro razonamiento es insuficiente; tal vez haya argumentos más cercanos a la gente desde el punto de vista psicológico, pero estrictamente son argumentos en el fondo no convincentes. En matemáticas aceptamos "por fe" (no en el sentido teológico del termino, claro) que dos más dos son cuatro. Es una verdad que nos parece evidente y satisfactoria sin demasiados argumentos, pero el que quiera estudiar el profesorado de matemáticas tendrá que estudiar un semestre entero tratando de probar esas verdades "obvias".

Razones inadecuadas
El punto aquí es el siguiente: los fundamentalistas tienen mucha razón en creer que la Biblia es un libro inspirado por Dios, pero sus razones para creerlo son inadecuadas, insuficientes, ya que la aceptación de la inspiración divina de las Escrituras puede basarse satisfactoriamente sólo en una autoridad establecida por Dios que nos lo asegure, y esa autoridad es la Iglesia.

Y precisamente aquí llegamos a un problema más serio: puede parecerle a alguno que mientras yo crea en la Biblia como en la Palabra de Dios poco importa el motivo por el cual lo crea: lo importante es que acepto la Biblia como la Palabra de Dios. Pero el motivo por el cual una persona cree en la Biblia afecta sustancialmente la manera de interpretar la Biblia. El creyente católico cree en la Biblia porque la Iglesia así se lo enseña, y esa misma Iglesia tiene la autoridad de interpretar el texto inspirado. Los fundamentalistas, por su lado, creen en la Biblia -aunque basados en argumentos poco convincentes- pero no tienen ninguna otra autoridad para interpretar el texto bíblico excepto sus propios puntos de vista.

El Cardenal Newman lo expresaba en 1884 de la siguiente manera: "Ciertamente que si las revelaciones y enseñanzas bíblicas del texto sagrado se dirigen a nosotros de una manera personal y práctica, se hace imperante la presencia formal en medio de nosotros de un juez y expositor autoritativo de esas revelaciones y enseñanzas. Es antecedentemente irracional suponer que un libro tan complejo, tan poco sistemático, en partes tan oscuro, fruto de tantas mentes tan distintas, lugares y tiempos diferentes, fuésenos dado desde lo alto sin una autoridad interpretativa del mismo, ya que no podemos esperar que se interprete a sí mismo.

El hecho de que sea un libro inspirado nos asegura la verdad de su contenido, no la interpretación del mismo. Como puede el simple lector distinguir lo que es didáctico de lo que es histórico, lo que es un hecho de lo que es una visión, lo que alegórico de lo que es literal, lo que es un recurso idiomático y lo que es gramatical, lo que se enuncia formalmente de lo que ocurre como al paso, cuales son las obligaciones que obligan siempre y cuales obligan sólo en determinadas circunstancias.

Los tres últimos siglos han probado tristemente que en muchos países ha prevalecido la interpretación privada de las Escrituras. El regalo de la inspiración divina de las Escrituras requiere como complemento obligatorio el don de la infalibilidad de su interpretación"

Las ventajas del razonamiento católico son dos: en primer lugar, la inspiración es estrictamente demostrada, no sólo "sentida". Segundo, el hecho principal que late detrás de este razonamiento -la existencia de una Iglesia infalible, docente- nos conduce como de la mano a dar una respuesta a la pregunta del eunuco etiope (Hechos 8:31): ¿Cómo sabemos qué interpretaciones del texto son las correctas? La misma Iglesia que autentica la Biblia, que establece su inspiración, es la autoridad establecida por Jesucristo para interpretar su Palabra.

Por: Catholic.net | Fuente: www.apologética.org 

jueves, 3 de noviembre de 2016

¿Has descuidado tu relación con la Virgen María? - Un minuto con Francisco

¿Quién puede hacer exorcismos en la Iglesia Católica?

 El exorcismo es el acto de expulsar demonios o espíritus malignos fuera de las personas, sitios u objetos.

El sacerdote misionero del Instituto de los Servidores de la Palabra, P. Modesto Lule, explicó que “los únicos que pueden hacer exorcismos sin necesidad de consultarlo con alguien son los Obispos de la Iglesia Católica”.
El exorcismo es el acto de expulsar demonios o espíritus malignos fuera de las personas, sitios u objetos que son supuestamente poseídos o plagados por ellos.
El Catecismo de la Iglesia Católica (CIC) detalla en el numeral 1673 que “cuando la Iglesia pide públicamente y con autoridad, en nombre de Jesucristo, que una persona o un objeto sea protegido contra las asechanzas del maligno y sustraída a su dominio, se habla de exorcismo”.
El P. Modesto aseguró que ni pastores ni laicos pueden realizar un exorcismo, pero sí algunos sacerdotes.
“No todos, pues para poder realizarlo necesitan el permiso o la delegación de su Obispo. Si el Obispo no lo delega, no podrán hacer más que una oración de liberación”, expresó citando el canon 1172 §1 del Derecho Canónico.
Para corroborar sus afirmaciones en el SIAME (Sistema Informativo de la Arquidiócesis de México), el sacerdote se refirió al Evangelio de San Mateo 10, 1, cuando Jesús llama a sus doce discípulos y les da la autoridad para expulsar los espíritus impuros. “En la actualidad, los Obispos son los representantes de los apóstoles. La Iglesia Católica es la única que desciende desde los apóstoles”, precisa.
Sobre delegar esta facultad a los presbíteros citó Hechos 6, 1-6, donde se especifica que se “reunieron los doce apóstoles y les dijeron a los seguidores que ellos ya no se podían ocupar de todo, así que escogieran a unos de entre ellos para que les ayudaran”.
“Escogieron a siete, los llevaron ante los apóstoles y les impusieron las manos. Los sacerdotes en la actualidad son ordenados por los Obispos, y éstos les dan la facultad para poder hacer exorcismos a algunos de ellos”, agregó.
Según el canon 1172 §2 del Derecho Canónico, el exorcista debe ser un Obispo o un sacerdote “piadoso, docto, prudente y con integridad de vida”.
El P. Lule reiteró que el acto de exorcizar solo fue encomendado a los apóstoles y sus sucesores, citando Hechos 19, 13-20.
“Aquí se habla de siete hijos de un sacerdote judío que se dedicaban a expulsar demonios en nombre de Jesucristo, pero en cierta ocasión el espíritu maligno los enfrentó y les dijo que únicamente conocía a Jesucristo y a Pablo. Después de decirles que no los conocía les dio tremenda golpiza que hasta desnudos los dejó y salieron corriendo”. En este caso, “los que andaban expulsando demonios no habían sido delegados por el apóstol y recibieron tremendo susto”, dijo el sacerdote.
“En el numeral 395 del Catecismo dice que: el que Dios permita la actividad diabólica es un gran misterio, pero ‘nosotros sabemos que en todas las cosas interviene Dios para bien de los que le aman’”, agregó.
Finalmente se refirió a las oraciones de liberación, que puede ser realizadas por “todos los obispos, sacerdotes y hasta laicos”.
“Una oración de liberación no es igual que un exorcismo. Exponerse a un exorcismo sin las debidas licencias es colocarse en un estado muy frágil donde los demonios pueden hacer presa a alguna de las almas”, concluyó.
 Por: n/a | Fuente: ACI Prensa

¿Existe el diablo?

 
 ¿Existe realmente el diablo? ¿Quien o que es el diablo? ¿Qué dice la relevación cristiana? ¿Cuáles son las actitudes con que debe comportarse un cristiano delante de esta realidad?

Hace unos días, vino una señora que me pregunto sobre la existencia del diablo. Tenia dudas porque leyó un articulo en el que el autor afirma qla noo-existencia del demonio, diciendo que es un invento de los ombres y sirve como un escape.
Para responderle a esta señora, primero quiero plantear algunas preguntas:
¿Existe realmente el diablo? ¿Quien o que es el diablo? ¿Qué dice la relevación cristiana? ¿Cuáles son las actitudes con que debe comportarse un cristiano delante de esta realidad?

Los demonios en la revelación cristiana

Antiguo testamento
La sagrada escritura nos presenta los demonios como algo muy real y presente. Descubrimos que tienen una fuerza superior de los hombre. Y el diablo es algo o alguien personal que atribuye la biblia, varios hombres. Ellos son aquellos que desobedecieron a Dios y fueron condenados eternamente al infierno. Su caída fue irrevocable y, por eso, están eternamente separados de Dios (cfr. 2 Pe 2, 4; 1 Jn 3, 8; Jn 8, 44; CIC 391-393) Desde entonces, sus obras consisten en tentar a los hombres incitándoles a rebelarse contra Dios, como ellos mismos han hecho.
El libro del génesis, nos cuenta del pecado original cuando Adán y Eva cayeron bajo la influencia y el engaño del diablo apareciendo como una serpiente. (Gen 3, 1-5 Sab 2, 24)

Evangelio
El señor Jesucristo se encarno precisamente para salvaron de la triste situación, de los hombres después de la caída. El tomo muy seriamente la existencia de los demonios en su misión. Al inicio de su ministerio, tenia que confrontar al  diablo en el desierto por 40 dias. (MT 4, 1-11, Mc 1, 12, Lc 4, 1-13)
“Acabando todo genero de tentaciones”, dice el Evangelio de San Lucas, “el diablo se retiro de El hasta el tiempo determinado”.
Jesus decía que “el diablo es homicida desde el principio y no se mantuvo en la verdad, porque la verdad no estaba en el”. (Jn 8,44) cuando volvieron los 72 discipulos diciendo: “Señor, en tu nombre sometimos hasta a los demonios”, contesto Jesus, “yo veía a Satanas caer de Cielo como un rayo. Sepan que les di poder para andar sobre serpientes y escorpiones y sobre todo enemigo”. (Lc 10, 17-18) es obvio que el diablo no es una figura metaforica para Jesus, y el manifestaba su poder sobre los demonios en sus curaciones de los posesos.

Cartas de los apóstoles
En las cartas de los apóstoles, fácilmente vemos que el diablo es una fuerza personal que nos confronta. “sean sobrios y estén despiertos, porque su enemigo, el diablo, ronda como león rugiente, buscando a quien devorar. Resístanle firmes en la fe”. (1 Pe 5, 8-9) Por esta razón, San Pablo nos aconsejo, “revestios de las armas de Dios para poder resistir a las asechanzas del Diablo. Porque nuestra lucha no es contra la carne y la sangre, sino contra los Principados, contra las Protestades, contra los Dominadores de este mundo tenebroso, contra los Espiritus del Mal que están en las alturas”. (Ef 6, 11-12)

Padres de la iglesia
Desde los primeros pasos de la iglesia, los padres en sus cartas  y sermones nos alertan sobre la realidad del diablo y sus engaños. Veamos algunos de estos. Dice San Atanasio, “Nuestro enemigo el diablo nos rodea siempre, tratando de quitarnos la semilla de la palabra que ha sido puesta en nosotros” (Catena Aurea, VI) “El lobo roba y dispersa las ovejas, porque a unos los arrastra a la impureza, a otros inflama con la avaricia, a otros los separa por medio de la ira, a este le estimula con la envidia, al otro le incita con el engaño. De la misma manera que el lobo dispersa las ovejas de un rebaño y las mata, asi también hace el diablo con las almas de los fieles por medio de las tentaciones! (San Gregorio Magno, Homilia 14 sobre los Evangelios) El doctor angélico, Santo tomas de Aquino decía, “Dos pasos del diablo: el primero engaña, y después de engañar intenta retener en el pecado cometido”. (Sobre el Padrenuestro)Catequesis de la Iglesia
Nos dejo una doctrina cristiana sobre los demonios en el Magisterio orinario de la Iglesia: siguiendo la Escrituraa y la Tradicion de la Inglesia, afirma que existe  el infierno y el diablo. El concilio ecuménico letran IC (años 1215) definio que “el diablo y otros demonios fueron creados por Dios con una naturaleza buena, pero se hicieron a si mismos malos” (DS 800, CIC 391) Podemos encontrar esta enseñanza muy sintéticamente en el nuevo catecismo de la Iglesia Catolica en los números 391 – 395. Y en resumen, “Satanas o el diablo y los otros demonios son angeles caidos por haber rechazado libremente servir a Dios y su designio. Su opción contra Dios es definitiva. Intentan asociar al hombre su rebelión contra dios” (CIC 414).

Experiencia de los demonios y del mal
Testimonios de los santos
En las vidas de mucos santos y santas, nos revelan su relación intima con Dios. Curiosamente, ellos mismo hablan de experiencias fuertes de los demonios que les molestaban con tentaciones y manifestaciones. Parece que a las personas que están mas cerca de Dios, los demonios no les dejan, las asechan con mayor insitencia. Por ejemplo, San Francisco tenia en sus escrios diálogos muy reales y a veces chistoso con el demonio que vino a tentarle.
Otros misticos como Santa Teres de Avila, San Juan de la Cruz, santa Catalina de Siena nos hablan  de los engaños y tácticas de los demonios que ellos mismos tuvieron que contrarrestar.
San Juan Maria Vianney, el Cura de Ars, tenia experiencias muy fuertes del demonio. Fue confesor extraordinario y quedaba en el confesionario a lo largo de los días. Decía que cuando le atacaba el demonio, a veces con golpes (una vez quemo su cama), el sabia que esperaba le llegara un gran pecador al dia siguiente que venia a pedir el sacramento de la reconciliación. Y por  eso le molestaba el demonio.

Posesos y exorcismos
Gracias a la redención de cristo, en el cristianismo son raros los casos de posesión diabólica. Pero todavía, la iglesia católica tiene el poder, recibido de Cristo, de arrojar al demonio de una persona posesa, de un lugar o de un objetivo, por medio del exorcismo. La iglesia siempre es muy prudente antes los casos de los posesos.
Pide, primero, el diagnostico de los médicos y psicólogos para cerciorarse de que no son casos físicos o enfermedades mentales antes que proceder.
Recientemente, el Vaticano dio a conocer un nuevo manual de exorcismo en enero de 1999 que reemplaza al antiguo ritual romano de 1614 (De Exorcismis et supplicationibus Quibusdam). Decía que todavía , en ocasiones excepcionales, necesita una ayuda de un sacerdote piadoso, santo, prudente y entendido para practicar los exorcismos.

Experiencias de la maldad
Todos nosotros tenemos la experiencia del mal. Vemos y escuchamos todos los días hechos en el mundo: guerras, desastres naturales, robos, homicidios, violencias, accidentes, etc.
Todo esto no tiene origen en Dios, sino en el maligno. Además, experimentamos a veces nosotros mismo la tendencia al mal y en muchas ocasiones constatamos el consentimiento de este: mentiras, injusticias, falta de caridad… aunque no lo deseemos hacer. Sentimos que el mal es algo fuera de nosotros, algo o alguien que nos empuja hacer lo que no queremos.
San Pablo lo resume “De hecho, no hago bien que quiero, sino el mal que no quiero”. (Rm 7, 19) Surge la pregunta ¿de donde viene el mal? No puede venir de nosotros mismo por dos razones. Si el mal proviniera de nosotros mismo, podríamos dominarlo eventualmente con nuestros propios esfuerzos. Además, si el mal viniera de nuestra decisión, hubiéramos podido entonces decidir que el mal no es  tan mal, seria ¡un bien! Pero no podemos justificar nunca el mal como un bien.
Por eso, reconozcamos que el mal no es solo una proyección de lo que tenemos dentro. Existe el mal porque existe el pecado y las tentaciones de los demonios que son una fuerza espiritual contra de nosotros “Por lo tanto, si hago lo que no quiero, no soy yo quien esta haciendo el mal, sino el pecado que esta dentro de mi” concluye San Pablo (Rm 7, 20)

Actitud de un cristiano ante el diablo
¿Cuál seria la actitud de los cristianos delante  de esta realidad de los demonios? No tengamos miedo, por que Cristo ha vencido la muerte (el demonio) por su cruz y resurrección. Si vivimos en un estado de gracia, comportándonos de acuerdo a una nueva vida que Cristo con su victoria sobre el diablo nos merecio, o tenemos nada que temer.
Dice en la catequesis del Papa de este verano, “Los buenos catolicos no tienen nada que temer, ni caer en psicosis y angustias, para ellos el pensamiento del infierno (añado los demonios) es una saludable advertencia a la libertad”.
El catecismo dice << sin embargo, el poder de Satanas no es infinito. No es mas que una criatura, poderosa por el hecho de ser espíritu puro, pero siempre criatura: no puede impedir la edificación del Reino de dios>>
Aunque Satanas actue en el mundo por odio contra Dios y su Reino en Jesucristo, y aunque su acción cause graves daños – de naturaleza espiritual e indirectamente incluso de naturaleza física – en cada hombre y en la sociedad, esta acción es permitida por la divina providencia que con fuerza y dulzura dirige la historia del hombre del mundo.
El que Dios permita la actividad diabólica es un gran misterio, pero nosotros sabemos que en todas las cosas interviene Dios para bien de los que le aman (Rm 8,28).
Pues, en el mundo, vamos a tener tentaciones todavía por la consecuencia del pecado original. <
El pecado original entraña la servidumbre bajo el poder del que poseía el imperio de la muerte, es decir, del diablo (Cc, de Trento: DS1511, cfr. Hb 2, 14; (CIC 407)>>.
El consejo de San Pablo fue: “Por eso, tomad las armas de Dios, para que podáis resistir en el dia malo, y después de haber vencido todo, mantenernos firmes. ¡En pie! Pues ceñida vuestra cintura con la Verdad y revestidos de la Justicia como coraza, calzaos los pies con el Celo por el Evangelio de la paz, tengan siempre el escudo de la Fe, para que podáis detener con el todos los encendidos dardos del maligno. Tomad también el yelmo de la salvación y la espada del espíritu, que es la palabra de dios; siempre en oración y suplica, orando en toda ocasión… “(Ef 6, 13-18)

Conclusión
El diablo existe y esta muy activo en el mundo de hoy, quizá uno de sus engaños es que pongamos en duda su existencia. El C, S, Lewis, en su libro Cartas a Screwtape, presento como una serie de cartas del demonio mayor a un demonio joven dándole los trucos para tentar a su victima: un cristiano. En una de las cartas, el consejo del demonio mayor fue engañar a su victima convenciéndole de la no existencia de los demonios. Si los demonios no existieran, si fuera un invento como fruto del espanto de la gente “poco inteligente”, el tiene a su favor el campo para actuar con mayo libertad. Asi, explico el demonio mayor a su súbdito: “tendrá mas éxito en sus tentaciones”.
Nosotros no podemos caer en el engaño de pensar que los demonios no existen, sino tenemos que conocer las tácticas de los malvados para superarlos en nuestra vida de santificación.

Por: DR. Joseph Tham | Fuente: Escuela de la Fe

Noviembre, mes para meditar

  Este mes que nos llena de recuerdos de los seres que ya no podemos ver...

El día está desapacible....soledad en la Capilla, la luz roja parpadea y tu estás ahí Señor... y yo como siempre estoy frente a ti y no se por qué tengo un sentimiento de melancolía...debe ser el mes de noviembre. Este mes que nos llena de recuerdos de los seres que ya no podemos ver, lugares vacíos, ecos de voces queridas ... que ya no oímos, siluetas y rostros que llevamos en nuestro corazón, pero...que ya no están.

Es el mes en que se habla de la muerte y los crepúsculos tienen una luz mortecina y el viento que va arrancando las hojas de los árboles nos habla de la proximidad del invierno. Si tuviera color le pondríamos un tono gris, serio y formal, con pinceladas de color cobre y oro....

Es el mes en que el pensamiento de la muerte nos pone inquietos pero solo por unos días pues pronto nos liberamos de este, para seguir, con alegría inconsciente, sumergiéndonos en el bullicio de la vida.

Pensar, meditar en la muerte no nos gusta. No estamos preparados para ello y tan solo nos causa desasosiego. Sabemos que algún día llegará... Tu, Jesús, nos dices: Velad, porque no sabeís ni el día ni la hora. Estad alerta, para no ser sorprendidos.

La muerte ha de llegar, eso no cabe duda, pero tu Señor, nos trajiste la esperanza de la resurrección. Creer en que vamos a resucitar es algo que nos aligera el alma y que en realidad no es la muerte sino una transformación de la propia vida.

Y San Pablo nos dice en su primera carta a los corintios: Ahora bien, si se predica que Cristo ha resucitado de entre los muertos, ¿cómo andan diciendo algunos de entre vosotros que no hay resurrección de muertos?.Si no hay resurrección de muertos, tampoco Cristo resucitó y si no resucitó Cristo, vana es nuestra predicación, vana también vuestra fe. Pero no, Cristo resucitó de entre los muertos como primicia de los que se durmieron

Esta fe es la que nos alimenta, Señor, y hace que tengamos una esperanza en esa muerte como la puerta hacia la otra vida, hacia la vida eterna.

Pero eso si, ese viaje a la eternidad nos obliga a tener listo "el equipaje", nos hace vivir día a día con el esfuerzo y la voluntad de ser mejores. No podemos despreciar el momento presente para obtener méritos que serán presentados ante tu Juicio, Señor.

Los seres queridos que se fueron nos impelen de mil formas y momentos a que preparemos "ese camino" y ese final de nuestra vida terrena, porque ellos ya saben que el gozo será infinito cuando traspasemos esa temida puerta de la muerte y podamos contemplar el rostro de tu amado Padre, el tuyo , el de tu Santísima Madre y también el de todos los que se nos adelantaron.

Mes de noviembre.... mes para meditar.

Por: Ma Esther De Ariño | Fuente: Catholic.net

lunes, 24 de octubre de 2016

Mirar hacia arriba.

 Todo lo que tenemos es prestado, nada nos llevaremos, solo las obras buenas y la alegría de haber vivido llenos de Dios.

 Levanta la vista y con la mirada puesta en Dios, haz el bien, que es camino de la felicidad eterna. Iba un pequeño barco pesquero saliendo de la orilla del mar y ¡vaya movimiento que se siente en la pequeña embarcación!, se necesita ser muy del mar para no sentir el mareo y las ganas de bajarse y echar a correr.

La barquilla se movía graciosamente al ritmo de las olas, pero los marineros sufrían las consecuencias de aquel vaivén... uno de ellos recibió órdenes de subir a un mástil, y a medida que subía se sentía peor ... el capitán de aquel barco le gritó: SI NO QUIERES SENTIRTE MAL, MIRA HACIA ARRIBA...
Que bien nos viene esta pequeña anécdota a todos los seres humanos: si no queremos marearnos con las cosas atractivas de éste mundo, debemos mirar hacia arriba, implorar al cielo que nos llene de deseos espirituales, que veamos claro que en la vida no sólo se vive para comprar cosas y satisfacernos en todo, para así estar contentos y felices; que muy por el contrario, las cosas que llenan plenamente la vida no se pueden comprar... porque no tienen precio.

Que bien nos haría en nuestra vida MIRAR HACIA ARRIBA y pedirle a Dios:

 
  • Humildad para aceptar nuestra vida como es y conformarnos con lo que tenemos y con lo que somos, sin desear tener mucho...
     
  • Que nos llene el alma de amor para poder vivir una vida digna, para poder darle momentos bellos a los demás...
     
  • Ayuda para ser mejores, sencillos de corazón y vivir con alegría
     
  • Aprender a dar amor y a darnos a los demás con verdadera entrega y desprendimiento, sin esperar recibir todo de ellos.
     
  • Generosidad para compartir todo lo que El nos ha dado, como nuestros talentos y virtudes.
     
  • Fortaleza para no apegarnos a las cosas materiales... a nada ni a nadie, porque:
Todo lo que tenemos en esta vida es prestado por Dios, porque al final nada nos llevaremos, solo las obras buenas y la alegría de haber vivido una vida llena de Dios. Eso es lo único que podemos llevarnos de este mundo.

Por: www.mensajespanyvida.org | Fuente: www.mensajespanyvida.org